Un militar fue baleado por la policía y perdió un ojo

Néstor Ramón Abalos de 25 años es soldado voluntario hace seis años y en octubre tenia que viajar a Buenos Aires para recibirse de suboficial. Anoche en barrio Norte Grande, donde vive, una bala de goma de la policía de Salta hizo que su vida cambiara por completo luego de perder su ojo izquierdo. 

En medio del debate acerca de la seguridad pública y los excesos policiales, en la noche del miércoles, pasadas las 23, un militar perteneciente al cuerpo de Infantería del Ejército Argentino fue baleado en un ojo arteramente y sin razón aparente en una esquina del barrio Norte Grande.

Testigos reconstruyeron junto a la esposa del militar baleado, Magalí Vargas (23), los pormenores de la insólita e imperdonable agresión, que no tiene un antecedente cercano en el tiempo, ya que la misma se produjo desde un móvil policial en movimiento.

Vargas relató ayer en primera persona lo que tuvo que sufrir para hacer atender en un hospital público a su esposo, ya que le denegaron atención en el hospital Papa Francisco, por lo que fue trasladado hacia el San Bernardo. Al llegar el herido a ese lugar, no había médicos oftalmólogos de guardia.

El militar, identificado como Néstor Ávalos, de 25 años, permaneció durante casi 12 horas sangrando del ojo izquierdo, hasta que a las 11 de ayer fue intervenido quirúrgicamente para retirarle el globo ocular estallado por el ingresó del proyectil.

Magalí Vargas relató anoche que su esposo fue a la casa de su padre para asistirlo y comprarle medicamentos: «A las 23 (del miércoles) o pocos minutos más salió de la vivienda que se encuentra al lado de un negocio en barrio Norte Grande cuando pasó un patrullero de la Policía de la Provincia – lo afirmó mi esposo y los testigos- y desde el interior del vehículo salió un fogonazo y una perdigonada contra la persona de mi marido que recibió proyectiles en su ojo izquierdo».

«Los policías no se detuvieron, lo vieron caer y quedar tendido, siendo los vecinos los que lo cargaron y asistieron a mi marido. Cuando llegamos al hospital Papa Francisco llegaron cinco patrulleros y los policías nos decían que mi marido había estado tomando, que se hallaba ebrio«, relató.

«Ensangrentado y todo, con todo el dolor que supone la herida recibida les contestó que le hagan la alcoholemia y todas las pruebas, pero de atención nadie habló», dijo.

«Ya hice las denuncias sobre lo ocurrido pero ya ve, nadie se acercó para esclarecer esta barbaridad, que nos pone al borde de perderlo todo. Exijo justicia y una explicación, al menos para seguir viviendo», cerró.